¿Debemos tener miedo a la muerte?

Séneca

Lo mismo es nuestra vida que una comedia; no se atiende a si es larga, sino a si han representado bien. Termina donde quieras, mientras pongas un buen final.


Lee el siguiente cuento y responde la preguntas de la PAUTAS DE DIÁLOGO que están al final.

La Muerte Engañada

Érase una vez un pobre que después de estar pidiendo caridad todo el día sólo había recogido un ochavo. Por la noche se le presentó Nuestro Señor vestido de mendigo y le dijo que si le quería hacer caridad. El pobre se compadeció y le dio el único ochavo que tenía. Nuestro Señor, agradecido, le dijo:


-Yo te hago médico. Tú curarás la gente sin entender de remedios. Cuando vayas a visitar a un enfermo, si no ves la Muerte, es que no se ha de morir, y ya le puedes recetar lo que quieras, que se pondrá bien. En cambio, si se ha de morir verás la Muerte en la cabecera con la mano extendida, enseñándote tantos dedos como días tardará el enfermo a morir. El pobre se puso a hacer de médico y cogió una gran fama. Siempre adivinaba si los enfermos se curarían o no, sin equivocarse nunca, y, cuando no se tenían que curar, adivinaba los días que aún vivirían. Su fama hizo que incluso el rey le llamara alguna vez y tenía tanto dinero que no podía ni contarlos.


Al cabo de muchos años llegó su hora y la muerte lo fue a buscar. Entonces, él le dijo:


-Oye, te quisiera pedir un favor.


-¿Cuál? preguntó la Muerte.


De hecho, se habían encontrado tantas y tantas veces en la cabecera de los enfermos que iban a morir, que se habían hecho buenos amigos.


Que esperes ocho días más a llevarse te me. He tenido tanto trabajo, he tenido que ver tantos enfermos, que no he podido gastarme el dinero que he hecho después de vivir en la miseria muchos años. Sólo te pido ocho días, una semana más, para probar todo tipo de placeres y hacer desenfrenos.


La Muerte encontró razonable su demanda y accedió.


Pero el pobre, en lugar de darse a la buena vida como le había dicho a la Muerte, se hizo hacer los mejores carpinteros que encontró una habitación toda de madera, completamente hermética, y se cerró con el esperanza de que la Muerte no pudiera entrar y de esta manera burlarla. Pero uno de los carpinteros, en un descuido, dejó una pequeña rendija sin tapar y por allí pasó la Muerte.


Y la Muerte, que a pesar de su mala cara, en el fondo es una Bonifacio, accedió a darle tres días más de vida.


Durante estos tres días el pobre estuvo pensando cómo se podía salir del trance y, finalmente, le pareció que había encontrado una manera. Cuando pasado el plazo, la Muerte se le presentó, le dijo:


- He oído y, incluso yo mismo pude comprobar el otro día, que tienes la facultad de adelgazar y ensanchar hacerte para poder pasar por las grietas, los agujeros de las cerraduras y por debajo de las puertas, y me gustaría ver cómo lo haces. Te verías capaz de ponerte dentro de esta calabaza de vino que hay encima de la mesa?


- No hay ningún problema - dijo la Muerte, que además de Bonifacio es un poco corta y no se dio cuenta de que aquello era una trampa.


Y en un instante adelgazó, adelgazar, hasta hacerse casi como un hilo de algodón, y entró dentro de la calabaza. Entonces el pobre se sacó un tapón de corcho del bolsillo y la tapó bien tapada.


- Lo siento, amiga Muerte, pero no tenía ganas de acompañarte hacia tus dominios.


El pobre ocultó calabacín en un rincón perdido de la buhardilla y se dedica a vivir como no lo había hecho hasta entonces.


Y pasaron mucho y muchos años que nadie se moría. Había pestes, guerras, hambres y terremotos y todas las desgracias que os quiera imaginar, pero la gente no se moría. Adelgazan, languidece, se convertían en verdaderos Calabria o llenaban de llagas, pero no se morían. Nadie se podía creer lo que pasaba y todos los sabios envejecían intentado encontrar una explicación. Envejecían, pero no se morían.


Un día unos cuantos chicos subieron a las holgado de casa del pobre y encontraron aquella calabacín donde había cerrada la Muerte. Pensando que era una pelota del tiempo antiguo, comenzaron a pasarse-la del uno al otro, haciendo juerga. La Muerte iba de un lado a otro y terminó mareando como una sopa. "Si alguna vez llego a salir de aquí dentro ya me las pagarás todas juntas". La pelota de las manos pasó a los pies y patada por aquí, patada por allí, fue a estrellarse contra la pared. La calabaza, reseca por los años, se hender y la Muerte salió de allí dentro hecha una verdadera furia. De un golpe de guadaña segó la cabeza a todas las criaturas y se tiró escaleras abajo para ir a encontrar lo que tan astutamente la había engañado. Cuando el pobre la vio, supo que ya no tenía nada que hacer y se resignó a morir. Y desde entonces que todo el mundo se vuelve a morir cuando le llega la hora .


PAUTAS DE DIÁLOGO

1. ¿Crees que la muerte tiene sentimientos y hace reflexiones como una persona, tal como sucede en la historia? ¿Por qué?


2. ¿Crees que la muerte se puede evitar, como propone la historia? ¿Por qué?


3. ¿Porque tenemos miedo a la muerte? Crees que es bueno vivir con miedo?


4. ¿Qué podemos hacer frente el miedo a la muerte?


5. ¿Qué nos puede consolar de la muerte de un ser querido?


6. ¿Que pasaría en el mundo, si no existiera la muerte?


7. La muerte acaba con el presente y con el futuro, pero ¿acaba también con el pasado? Por qué?


8. ¿Crees que vivirías tan intensamente la vida si supieras que no va a terminar? ¿Por qué?


9. Lo que no está vivo ¿puede morir?


10. ¿Qué piensas que puede haber después de la muerte? ¿Sea como sea, puede haber sufrimiento? Por qué?

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