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9º Lectura 6 Verdún desde la trinchera



Casi dos millones y medio de 'poilus' pasaron por la batalla de los 300 días. Su sacrificio fue imprescindible para el último gran éxito militar francés en la I GUERRA MUNDIAL. “El que no ha estado en Verdún no ha combatido en la guerra”, presumían los veteranos franceses. El sufrimiento de los poilus, que literalmente significa "peludos", debido a las barbas largas de los soldados, quedó grabado en el imaginario colectivo de varias generaciones. Por Verdún (febrero-diciembre de 1916) pasaron casi dos millones y medio de franceses. Sin embargo, el día a día en las trincheras era un auténtico infierno para los combatientes de ambos bandos. “Morir dos veces” Las sensaciones de los poilus franceses y los landser (soldados rasos) alemanes son idénticas. “Uno se siente como un animal que ha sido atrapado en una trampa”, escribe el alemán Karl Rosner. “Lo que más me impactó en Verdún... el barro. Morir en la guerra es algo común... pero vivir en el lodo es atroz”, recordaba el francés Henri Auclair. Después de meses de avances y retrocesos, los soldados excavaron sus trincheras en un cenagal de cráteres sembrado de restos de la batalla. “Estos chacales matan hasta a los muertos”, se queja un subteniente de la infantería colonial francesa tras ver cómo un proyectil alemán vuela en pedazos a un camarada enterrado el día anterior: “Es morir dos veces”. Más de una fotografía muestra a los soldados luchando sobre cadáveres. Lo que no captan las imágenes es el olor de la muerte. Aquí y allá, asomaban del barro restos humanos, pedazos de soldados destrozados por los impactos directos de algún proyectil. El 80% de los hombres que mueren en Verdún desaparecían así, víctimas de la artillería. Los soldados distinguían los proyectiles por el ruido que hacían al aproximarse, por la luz de sus explosiones. Los franceses los llamaban gros pépères, gros jaunes, marmites; los alemanes, Brocken, Zuckerhut, Osterier... Los germanos tenían más tiempo para familiarizarse con ellos. Al contrario que las tropas francesas, sus rotaciones son irregulares. Para el 15 de julio, solo 46 divisiones alemanas han combatido en Verdún, frente a 70 francesas. Como estaban más tiempo en primera línea, conocían mejor el terreno y sus trincheras estaban mejor mantenidas. Pero su moral también se debilitaba antes: sabían que solo serían relevados cuando sus bajas fueran tantas que su unidad ya no resultara operativa. La vida en el infierno Ambos bandos se enfrentaban a una invasión de piojos y ratas, que se alimentan de vivos y muertos. A estas últimas, los franceses las llamaban gaspards; los alemanes, Verdunratten. Fueron las auténticas dueñas de ese infierno. Mientras esperaban el siguiente ataque, los soldados jugaban a las cartas, duermían, escribían. Los censores del Segundo Ejército francés leían unas siete mil cartas a la semana, más o menos una de cada cincuenta. Los soldados sabían que no podían ser sinceros en los textos que escribían a su mujer, a sus padres, a sus amigos. Aun así, los censores percibían que la moral subía y bajaba con el barómetro. La lluvia empapaba los capotes y se colaba por el cuello, resbalaba por las paredes de tierra de las trincheras y terminaba convirtiéndolas en un gran charco. El frío congelaba las raciones de carne y el agua, siempre escasa en primera línea. “Ha sucedido en ocasiones que los hombres han salido de su trinchera durante la noche para beber en cualquier cráter lleno de agua”, anota un soldado alemán. Como letrina se usaban los cráteres más cercanos, a los que se llegaba a gatas y, si era posible, de noche. Para no exponerse al fuego enemigo, los soldados sacrificaban a veces su comida y vaciaban sus latas de sardinas o carne para usarlas como orinales. Aquel triunfo se emplearía durante décadas para sacar brillo a la unidad de Francia. Pero la batalla más larga de la Gran Guerra, la última gran victoria del ejército galo, una victoria de prestigio, fue también un símbolo incuestionable del sinsentido de la guerra.



Texto del artículo publicado en el número 578 de la revista Historia y Vida.


OBJETIVO: Fortalecer la ortografía, comprensión lectora y lógica verbal en los estudiantes.

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