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4º Lectura 7 Así se hizo la luz y la vida en la Tierra



En el comienzo la luz no existía y la oscuridad inundaba La Tierra, que por entonces era suave, muy fría y nada crecía en ella: ni las plantas ni los animales. Tampoco existían las personas. Tan solo tres seres habitaban aquel mundo de penumbra: el dios Nemequene, su esposa y su hijo. Como la belleza y la vida no existían en la Tierra, Nemequene quiso crearlas. Con fríos trozos de barro esculpió durante muchos días las guras de los hombres y los animales, pero al terminar advirtió que ninguno tenía vida: todos eran tan inmóviles como las rocas y tan inertes como el mismo barro en que habían sido moldeados. Pasaron muchos años y la tierra seguía en la oscuridad, sin más seres vivos que Nemequene y su familia. Hasta que un día Nemequene tuvo una idea. Llamó a su hijo y lo hizo subir a los cielos para que desde las alturas iluminara la Tierra. Así, volando, el joven remontó el rmamento y al llegar muy arriba se convirtió en Sua: el sol. Los rayos de Sua calentaron la tierra. Pronto empezaron a brotar las plantas y los árboles. Crecieron robles, arrayanes, nogales, acacias, sietecueros y frailejones. Florecieron cerezos, papayuelos, curubas y otros árboles frutales que se encuentran en el altiplano cundiboyancense, en el centro de Colombia. El agua, que no conocía caminos pues la oscuridad le impedía verlos, empezó a correr libre y fue formando lagunas, quebradas, ríos y humedales. La luz de Sua descubrió las montañas que forman la cordillera de los Andes. El calor de Sua también les dio vida a las guras que había moldeado su padre, Nemequene. Unas volaron convertidas en copetones, picaores, toches y cóndores. Otras se volvieron ranas, insectos o culebras. Venados de cola blanca llenaron los páramos y los osos de anteojos se encaminaron hacia los bosques, mientras que los peces saltaron a los lagos y los ríos. Los seres humanos también cobraron vida, y aunque eran felices, vivían la mitad del tiempo en penumbras, pues en las noches, cuando Sua se marchaba a descansar, la oscuridad llenaba de nuevo la tierra. Preocupados por la falta de luz, algunos humanos visitaron a Nemequene y le contaron su situación. Nemequene, quien amaba sin reservas a esos seres que él mismo había creado, decidió subir al cielo en las noches para reemplazar a su hijo Sua. Así se convirtió en Chía: la luna. Padre e hijo empezaron a turnarse la tarea de iluminar el mundo. Sua llenaba de luz los días y Chía se convirtió en el farol de la tierra en las noches.


La oscuridad nunca más volvió a inundar la tierra. Los chibchas, como se hacían llamar los humanos creados por Nemequene, quedaron agradecidos para siempre y celebraron estas en honor de Sua y Chía. Los chibchas solían dedicar sus hijos a los dos iluminadores del mundo, por eso los llamaban “suachias” antes de darles nombres propios. Fue como nació la vida en el mundo, gracias a Sua y Chía, según lo recuerdan los chibchas: el pueblo de Nemequene.


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OBJETIVO: Fortalecer la ortografía, comprensión lectora y lógica verbal en los estudiantes.
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